Afirman que las estafas virtuales crecieron casi el 100% en dos años

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Si bien se reflejó un aumento sostenido con el correr del tiempo, la pandemia potenció la modalidad.

Las estafas virtuales comprenden una realidad que se manifiesta desde hace varios años, pero la circulación del coronavirus fue crucial para su incremento exponencial. Calculan que en el último período bianual crecieron cerca del 100%. Si el análisis estadístico se centra en la comparación con el año pasado, la suba se estima entre el 30% y el 40%. Del total de estafas registradas, aseguran que el 80% son referidas al ciberdelito y el 20% restante corresponde a la falsificación de documentos y adulteración, entre otros.

“Habían aumentado con un ritmo sostenido, pero sobre el inicio de la pandemia crecieron considerablemente. Es algo que se da en el plano nacional y que rota en diferentes provincias, es decir, los mismos grupos delictivos y las mismas modalidades rotan según la época del año”, manifestó el titular del Departamento de Delitos Complejos del Poder Judicial de San Luis, David Fuentes.

De acuerdo a lo que especificó, los modus operandi más comunes son los robos de datos de tarjetas de crédito o débito, con los cuales se concretan gastos denominados compras extrañas. Las víctimas advierten las estafas cuando ya se han materializado los movimientos.

También se replica el robo de cuentas de WhatsApp, que por lo general comienza con el pedido de un código recibido por SMS; siempre en un contexto verosímil, donde median argumentos convincentes y la mención de importantes empresas, organismos, etcétera.

Otra tipología corresponde a la suplantación de identidad, que puede originarse en cuentas de Instagram, Facebook o WhatsApp. En esta última red social se desarrolla desde otro contacto. Por lo general se hacen pasar por personas cercanas, como amigos o parientes. Luego, envían un SMS donde remarcan que cambiaron el número de celular para que la víctima agende el teléfono. Así, valiéndose de la confianza, piden dinero prestado u ofrecen venta de dólares a precios muy tentadores.

Según remarcó Fuentes, quien es ingeniero en telecomunicaciones y tiene un posgrado en Cibercrimen, hay un cierto nivel de estafadores que advirtieron una brecha en el terreno delictual: “Encontraron el negocio en delinquir, pero en el hecho de vender la solución para que otros lo hagan. Se comparte información sobre cómo utilizar el robo de tarjetas y datos, y venderían soluciones para concretar las estafas”, graficó.

Los ciberdelitos crecen día a día y los hacedores encuentran nuevas vetas de acuerdo al contexto. Por eso, Fuentes aconsejó que frente a un llamado, un mensaje, un correo electrónico o cualquier tipo de comunicación dudosa, tiene que primar la indiferencia. “Hay que entender que el universo de personas a estafar es tan grande que si uno ofrece un poco de resistencia, los delincuentes prefieren no perder tiempo y pasar al siguiente intento”, dijo.

Por otro lado, destacó que en medio del escenario también hay cuestiones con vistas a la prevención. Las grandes compañías, como pueden ser las entidades bancarias o telefónicas, han tomado conciencia sobre el tema y buscan actualizarse para cuidar a sus clientes. Hoy por hoy, cualquier empresa que descuide las bases de datos o que no desarrolle un control de empleados desleales es muy propensa a sufrir daños y desaparecer.

Recomendaciones

Los engaños se pueden desarrollar bajo cualquier excusa. En esas situaciones, no hay que perder de vista al remitente; por lo general se trata de suplantaciones. Un aspecto clave es que hay información personal que puede estar alojada en determinados organismos y que es factible de vulnerabilidad. De ahí que los delincuentes juegan con nombres personales, números de documento, direcciones, números de patentes de vehículos, etcétera.

En otros casos pueden jugar con argumentos referidos a la vacunación o a un trámite específico y, mediante distintas tácticas, pueden robar información importante para la suplantación. Siempre hay un perjuicio patrimonial.

Fuentes brindó algunas recomendaciones. Uno de los consejos más importantes tiene que ver con el tiempo. Por lo general, los estafadores utilizan estrategias para que la víctima esté vulnerable y la premura es un escenario muy favorable para los engaños. No hay que dar lugar a la prisa.

Otra pauta es que no hay que creer en beneficios fantásticos, ya que nadie regala nada; hay que omitir en su totalidad cualquier mensaje que informe sobre premios de sorteos en los que nunca se participó. Si abordan con una noticia o beneficio, es preferible tomarse el tiempo y googlear, asesorarse antes de cualquier acción.

En el caso de que se hagan pasar por conocidos, la prueba infalible es la fe de vida: mensajes de texto puede escribir cualquier persona en nombre de otra, pero con un audio o una videollamada es tremendamente difícil. Ante la menor sospecha, se puede pedir un mensaje de voz o una llamada telefónica, para corroborar la veracidad.

(El Diario de la República)

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